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La Herencia de Monte Castro: Qué Dice el Testamento Original de Manuel Rocca sobre el predio
Un recorrido por el testamento de Manuel Rocca. Desde su estructura familiar y el reconocimiento de sus hijos naturales, hasta las cláusulas exactas que dieron origen al Hospital de Rehabilitación y al ex-Asilo de la Avenida Segurola, piezas clave para entender el conflicto por la manzana más discutida de Monte Castro.

En el debate actual sobre el destino del predio del ex-Instituto Manuel Rocca en Monte Castro, las respuestas definitivas no se encuentran en los despachos modernos de la Legislatura, sino en un documento de puño y letra firmado hace más de un siglo. El 12 de abril de 1913, en su casa de la calle Córdoba 2459, Manuel Rocca redactó su testamento ológrafo. Aquellas líneas no solo dividieron una fortuna bastante importante de la época, sino que funcionaron como un verdadero plano urbanístico y social del oeste de la Ciudad de Buenos Aires.
El Perfil del Donante y su Entorno Familiar
Manuel Rocca nació en San Marciano de Carrasco, en la provincia de Génova, Italia, y al momento de escribir su última voluntad tenía 65 años. Su historia refleja la de aquellos inmigrantes del siglo XIX que acumularon un patrimonio imponente en base al comercio y la adquisición de tierras. Rocca poseía campos en copropiedad en San Vicente y Longchamps, además de valiosos lotes en la intersección de Triunvirato y Holmberg. Al casarse en 1889 con Doña María Luisa Rocca, aportó un capital líquido monumental de 1.100.000 pesos moneda nacional, declarando que todo excedente a dicha suma correspondía a bienes gananciales fruto del trabajo matrimonial.
Detrás del estratega financiero había una estructura familiar numerosa. De su matrimonio sobrevivían ocho hijos: Pablo Manuel, José María, Francisco Alberto, María Concepción, Miguel Luis, María Luisa, Teresa Victoria y Santiago Cándido. Asimismo, el documento revela un rasgo de estricta justicia legal para la época: Rocca reconoció explícitamente en el texto la existencia de cuatro hijos naturales nacidos de una unión previa con Doña Josefa Fernández (Manuela Justina, Manuel José, Dionisio Luis Domingo y Victoria Josefa), ordenando que se les asigne la parte correspondiente que marcaba la ley. En aquel momento, se catalogaba así a personas nacidas en parejas que no estaban casadas, pero que no tenían ningún impedimento de hacerlo, es decir, no eran producto de un adulterio. Sin embargo, la condición de hijo natural afectaba según la ley el porcentaje de la herencia que podía recibir, siendo significativamente menor al de un hijo matrimonial o "legítimo". Santiago C. Rocca fue designado albacea junto a Luis Testoni para garantizar el cumplimiento de sus mandatos.
El Doble Legado de la Avenida Segurola
El mito urbano suele confundir el origen y el destino de estas tierras, pero el testamento demuestra que Manuel Rocca planificó minuciosamente dos donaciones masivas. Se trataba de dos parcelas vecinas pero completamente independientes, para las cuales dejó asignadas sumas de dinero específicas con un fin muy claro. Ejecutar estas obras representaba un esfuerzo titánico y visionario para la época, si se tiene en cuenta que en 1913 aquellos terrenos de la periferia porteña eran descampados absolutos rodeados por hornos de ladrillos y calles de tierra.
La primera de estas grandes donaciones tuvo como destinataria a la Municipalidad de la Capital. Manuel Rocca cedió una manzana entera delimitada por las calles Segurola, Jonte, Sanabria y Alcaraz, que contaba con una superficie estimada de casi doce mil metros cuadrados. Junto con la tierra, aportó la colosal suma de seiscientos mil pesos moneda nacional. El mandato para las autoridades fue taxativo: ese dinero debía invertirse exclusivamente en la construcción de un complejo hospitalario que, según dejó asentado por escrito, tendría que llevar a perpetuidad el nombre de su donante. En la actualidad, ese legado sigue en pie bajo la forma del Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca.
Inmediatamente al lado, el entramado solidario de Rocca sumó un segundo capítulo de idéntica magnitud, pero esta vez dirigido a la Sociedad de Beneficencia de la Capital. Para esta institución reservó la manzana lindera, delimitada por Segurola, Médanos —la actual Juan Agustín García—, Indio —hoy Elpidio González— y Sanabria. El terreno, de doce mil ochocientos metros cuadrados, fue entregado junto con una partida de cuatrocientos mil pesos destinados de forma expresa a edificar el Asilo Manuel Rocca. La cláusula de esta donación especificaba que el lugar debía ser un establecimiento modelo donde recibieran educación y albergue entre ochenta y cien niños pobres de la zona. Es justamente este predio el que, tras cesar sus actividades en 2016, hoy se encuentra en el centro de la disputa parlamentaria y comunitaria.
Del Legado Solidario al Complejo Escenario de Negociación Actual
Hoy, aquel mandato ológrafo se encuentra en el centro de un tenso entramado político, vecinal e institucional. El prolongado estado de desocupación del predio reactivó las discusiones sobre su utilidad pública y su valor estratégico dentro de la Comuna 10. Lejos de ser un debate lineal, la Doble Lectura en la Legislatura porteña refleja una puja de intereses legítimos donde intervienen activamente el Gobierno de la Ciudad, el Club Atlético All Boys y las organizaciones vecinales de la zona.
Por un lado, el Poder Ejecutivo mantiene un marcado interés en la reconversión de la manzana, considerándola un espacio clave para el desarrollo de infraestructura urbana y el ordenamiento territorial. En este marco de negociaciones, la propuesta de ceder parte de las instalaciones al Albo - institución centenaria y con un fuerte arraigo social en Monte Castro- busca canalizar la histórica demanda del club por ampliar sus instalaciones deportivas y recreativas. Quienes defienden esta postura sostienen que la llegada de la entidad deportiva revitalizaría el lugar, integrándolo a la vida civil del barrio a través de actividades para la comunidad local.
En la vereda opuesta, agrupaciones de vecinos y colectivos ambientales resisten la fragmentación del terreno y exigen el estricto cumplimiento del espíritu original de la "donación con cargo" firmada por Rocca. Su reclamo se centra en la preservación total de la parcela para la creación de un Polo Educativo y Ambiental Público. Desde la perspectiva vecinal, el predio debe mantenerse bajo una gestión estatal directa que mitigue el déficit de espacios verdes y responda a las necesidades pedagógicas de la comuna, argumentando que cualquier uso alternativo desvirtuaría el propósito fundacional de destinar la tierra exclusivamente a la educación y el amparo público.
